SERIES FEMINISTAS DE NETFLIX

La representación de la mujer en los nuevos discursos de las series en streaming multimedia representan ¿alcances para el feminismo o la oportunidad de subirse al tren? Se trata de ganar más audiencia luciendo cool como un macho progre o es una reivindicación del discurso hegemónico de los personajes femeninos.

Acompáñenos a ver esta triste historia con los casos de Unbreakable, Orange is the New Black y 13 reasons Why.

Las tres fueron series que nacieron en el nuevo formato, pensadas y creadas para nuevas audiencias más fáciles de medir y con un gusto por sentirse parte de una causa. Los comprometidos activistas de clic son los que encuentran en este tipo de productos culturales las alternativas para luchar en contra de los estereotipos de las telenovelas. Porque claro que es mucho más feminista una mujer en la cárcel que lidera una rebelión que aquella que se encarga de su familia porque su madre la abandonó y su padre jamás cumplió (Sí estoy hablando de María Mercedes).

Pero vamos por partes. Una de las series que despertaron el interés de todos los medios por el tema del suicidio adolescente y que escandalizó a todos los medios fue13 reasons why. La serie de Selena Gómez, muestra a una chica depresiva que como consecuencia del bullying en su preparatoria decide cortarse las venas en una tina. Pero ¿qué lleva a Hannah a tomar esta decisión?

A diferencia de Masacre en Columbine o Elephant esa chica no es molestada por ser una nerd o por ser fea o impopular, al contrario. El arco narrativo de la serie exhibe los micromachismos y la violencia aceptada que parece inofensiva. (SPOILER ALERT) La serie de acciones que sus amigos toman en su contra van desde ataques sexuales, mentiras, burlas, exhibiciones públicas hasta violaciones.

Las escenas explicitas buscan generar empatía con un tema que con tantas alertas de género en nuestro país nos llegan y nos molestan. Pero el gran mérito es el de cambiar la idea de que una jovencita se mata porque no es lo suficientemente fuerte para superar la prepa; va más allá y culpa a todo un sistema que se ha encargado de normalizar acciones violentas y del que todos somos participes.

En una apuesta más drástica tenemos la tercera temporada de Orange is the New Black que dentro de su línea argumentativa estábamos acostumbrados a ver el problema de la privatización de las penitenciarías, las condiciones de discriminación racial en las cárceles y la organización de éstas, y una serie de relaciones personales. Sin embargo, en esta temporada se suma el factor de mujeres al poder.

La condición para que ellas puedan ser dueñas de ellas mismas es llevada al extremo. Toman el poder en Richfield y buscan crear una sociedad entre ellas mientras discuten derechos elementales: comida, salud, mejores condiciones de vida. Más allá del dilema moral de si los delincuentes pueden/deben tener derechos a esto se le suman particularidades de género poco exploradas en el mundo de las cárceles de hombres, pero para cualquiera con dos chichis de frente parecen obvias: la exigencia de exámenes de papanicolaou, tampones, condiciones para maternidad.

A la par de la disputa hay un gesto muy noble de los guionistas para poder seguir las diferentes historias que se desarrollan en las mujeres de la cárcel. Tal vez la más poética de las representaciones (y utópica) es la del regalo para honrar a Pussey en donde la posibilidad de una sociedad dictada por mujeres parece tener una oportunidad de civilidad inimaginable:

Finalmente, Unbreakable con Kimmy Schmidt, como protagonista, quien descubre el feminismo en dos puntos críticos. El primero es en el episodio en el que su amiga y excompañera de bunker Gretchen Chalker forma su propio culto pero no es tomada en serio por ser mujer. El segundo (más crítico) es en el que Kimmy va a una fiesta con sus amigas feministas de las que descubre que solo son “niñas con un gran vocabulario”.

La ironía del sexismo que hasta la fecha había usado Tina Fey en sus chistes de entrega de premios no fueron suficientes para los guionistas y tomaron un segundo rumbo. Se atrevieron a jugar con la idea de los blancos ricos que toman un discurso feminista a su conveniencia y reflejaron como algunos “machos progre” y “chicos bueno” lo usan para hacer sentir mal a alguien por no actuar acorde a “la teoría”.

Al final siempre se le pueden buscar tres pies al gato, sin embargo, estos primeros ejercicios llaman mucho la atención como un antecedente para la presentación de personajes femeninos que no tengan que caer únicamente en el Principio de Pitufina o pasar el test Bechdel.

El Chapo en Netflix: la ficción que quisiéramos que fuera

El PRI dirigiendo el narco del país, la DEA haciéndose de la vista gorda, el Chapo escapando a billetazos de cualquier peligro. La historia de Netflix es todo lo que ya sabíamos pero con drama, sexo y una excelente narrativa audiovisual.

Basado en hechos reales (o casi)

Vía Los Ángeles Press

Como su propia introducción sostiene, la serie está basada en la “versiones periodísticas” de ascenso del crimen organizado en México durante los años 90. “Hechos reales” es una categoría medio inalcanzable: no por falta de información sino por falta de aceptación oficial. Para los que hemos seguido de cerca el tratamiento mediático del narco mexicano muchos personajes serán familiares: los Arellano Félix (que por alguna razón no dieron permiso para usar su apellido así que aparecen como los “Avendaño”), Carlos Salinas de Gortari, el Señor de los Cielos, el güero Palma y muchos más.

Cualquier historia necesita personajes, y que mejor que un puñado de jefes de la droga.

¿Exaltación de la narcocultura?

Una de las reacciones que este tipo de productos culturales siempre despierta es su supuesta exaltación de la narco-cultura. Sin embargo ¿Qué fue primero? ¿La crisis humana-política-económica responsable de la aparición del negocio de la droga o los sombreros y narco corridos? La serie de Netflix no muestra a un lord-Chapo todo poderoso, sino a un personaje siempre el filo de la navaja, con complejo de inferioridad y delirios de grandeza.

Ambientación: más 90

via GIPHY

Hemos escrito bastante de la nostalgia por los no 90 que está invadiendo al cine, las series y otras expresiones artísticas. El Chapo de Netflix no podía ser la excepción: Grand Marquis, peinados cagados, chamarras que nos recuerdan una época (parece hace siglos) donde todavía hacía frío; un largo etcétera de referencias a los años 90, punto de expansión del narco. Además, no sólo es eso: es una época que trae recuerdos a toda una generación que creció con las promesas de la abundancia y, como el mismo Chapo, tuvo que enfrentarse a otra realidad luego de las constantes crisis.

Música, música

No, no hay nada de banda. La musicalización es más bien propia de un thriller policiaco de los 90 que de un Kommander. Eso sí, extrañamos a los Tucanes de Tijuana y a los Tigres del Norte pero, ni pedo, Netflix no quería verse tan folclórico.

No es ficción, ¿O sí?

via GIPHY

Quisiéramos que todo fuera una ficción bien hecha. Pero en un país donde el gobierno está acostumbrado a ser criminal y nosotros a ser engañados, ya era hora de que una serie basada en hechos reales (no oficiales), saliera a la luz.

Los spoilers no son necesarios: quien no sepa en que termina la historia de El Chapo Guzmán ha vivido en una cueva por muchos años.

25 años de internet pero seguimos viendo la tele

 

Por @nube_cerebro

A un cuarto de siglo de lanzada la world wide web ese es el mensaje que nos aventó TV azteca con su último comercial en el que literalmente se arrojan un montón de estadísticas que hábilmente presenta a su favor.

Y no es que diga mentiras en su comunicación pero hay que tener mucho cuidado en qué se dice y cómo se dice, porque claro que es fácil comparar audiencias y decir que 50 millones de personas tienen internet pero solo están conectadas un parte de su día, y claro que es verdad  que hay televisiones en todos lados, pero si de masividad estamos hablando ¿por qué no compararlo con el alcance que tiene la radio?

Ahora, si el punto no es que puede llegar a un montón de gente ¿entonces que quiere demostrar? Está entre dicho que son parte del duopolio y que no les espantan las alternativas de entretenimiento dígase Youtube, Netfllix, Tv por cable o hasta Blim, porque al final la banda siempre va a prender la tele el domingo para ver la serie de Juan Gabriel.  Pero si no les asusta ¿para qué salir a hacer un comunicado?

Manejan un discurso de tanta seguridad como si Hi5 en su momento hubiera dicho “no me importa que Facebook tenga ya la mitad de suscriptores que yo, siempre seremos los mejores”. ¿Demuestran miedo? Sí, pero a la brava, a la “tu putito no me espantas”.

Con todo esto más que comprarles la idea de que no los asustan las nuevas tecnologías, están evidenciando el miedo que les da que un día sus estadísticas caigan tanto que los anunciantes (los verdaderos beneficiados siempre) les den la espalda y apuesten todo su presupuesto a internet (si se acuerdan que perdieron las Olimpiadas, vea’)

Porque si de números estamos hablando según la AMIPCI  desde 2015 hay 65 millones de internautas, que representan el 59% del total de la población dedicando 7 horas diarias a la conexión, sobre todo por medio de smartphones, valor que en grandes ciudades como la CDMX o Monterrey para nada va a bajar si consideramos las 2 horas de viaje en transporte colectivo que se gastan en Facebook o WhatsApp.

Y la conexión no termina cuando se está fuera de casa pues el 87% de quienes tienen acceso a internet lo hacen desde su hogar escuchando música, viendo películas, gestionando sus finanzas y utilizando aplicaciones móviles. Porque puede ser más fácil llegar y prender la tele que elegir entre la enorme gama de información que ofrece la web, pero también somos consumidores cada vez más exigentes (o eso dicen).

Además, gracias al apagón analógico ni con las teles de Mover a México se está llegando a los mismos porcentajes que antes y eso ya lo sabían desde 2012:

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Así entonces deberíamos alegrarnos y esperar que su respuesta sean mejores contenidos y producciones de entretenimiento que puedan competir con la popularidad a la que llegan series en línea como Stranger Things.

Claro que allá afuera hay millones de personas que solo usan internet para buscar información, personas mayores de 40 años que aún siguen acostumbrados al consumo donde los programas de revista con las chicas del ballet son lo más esperado.   Pero tampoco podemos olvidar que el consumo en línea tiene al grueso de la población: la gente de entre 20 y 40 años con capacidad adquisitiva y cero responsabilidades.

conexion

Recuerden que somos el montoncito de dinero que les va a ir a comprar lo que nos convenza porque ya no reaccionamos al enorme cartel de “COMPRA YA” ¿verdad?