La parafernalia del imaginario

En un país de imágenes, colores y contrastes, la nacionalidad no es reducto de solemnidad.

El sentimiento patriótico, o eso queremos creer, se exacerba en septiembre, mes de la patria. En septiembre los enemigos son más claros que en noviembre, mes de nuestra revolución; es más fácil señalar a los españoles (aunque muchos de ellos terminaron formando parte del gobierno y de la estructura económica de la nueva nación) que a la burguesía, el porfiriato o cualquier otra entidad maligna que circule por ahí como causa de nuestros problemas.

En el bando de los insurgentes: activistas de todos los colores, ciudadanos “conscientes” o simples apáticos de los festejos populares, quienes gustan de criticar las banderas, los gritos, las caras pintadas, los huevos de confeti. En el bando de La Corona: medios “manipulados”, el gobierno en turno y demás agentes de la promoción de valores simbólicos inventados en el siglo XX que ahora toman forma de bigote y tequila en la mano.

banderasMexicanidad: descripción gráfica

Pero como siempre, hay cosas en medio: uno no puede dejar reflexionar sobre la “mexicanidad” y sus múltiples componentes, especialmente los festejos patrios. Olvidémonos del cine de la época de oro, de los sombrerudos, de Los de Abajo y Los Bandidos; nuevos íconos se han posicionado como elementos fundamentales de la cultura mexicana: el narcocorrido, el Buchanans (la bebida más popular para toda fiesta mexicana según las cifras de ventas), el Tricolor o cualquier evento donde un “mexicano luchón” sale adelante ante la adversidad (porque lo mexicano siempre ha estado asociado a lo jodido, a reposición sobre la adversidad, al eterno castigo e inconformidad).

Pero somos creativos en nuestra miseria (dígase material o intelectual). No importa si eres insurgente o de La Corona, criollo, peninsular o mestizo (léase empresario, político, adinerado o naco) siempre habrá lugar para el tequila, la música vernácula (no jota sino naca según algunos comentaristas) o simplemente para disfrutar de un atascón ritual de pozole, tostadas y chiles en nogada.

penatraidor a la patria en su hábitat natural

Pensemos pues, que tal cosa como “los valores patrios” sólo existen en la medida en que son practicados por una cultura determinada. No existen en abstracto, no hay algo como “la mexicanidad” fuera de sus expresiones concretas de papel picado; uno puede dar el grito con Peña o marchar contra su gobierno ¿acaso no son las dos apelaciones a un sentido de unidad alrededor de un pedazo de tela de colores?