Importante revista descubre el racismo en la CDMX

La revista Chilango dedicó recientemente un número a “reflexionar” sobre el racismo que ejercemos en la Ciudad de México. La ironía viene desde su nombre: esa palabra comodín, centro de acalorados debates en torno a quiénes son los “otros” y quienes no. ¿Chilango es aquél que llegó a vivir a la CDMX o aquél que es oriundo de la misma? ¿Puede extenderse el gentilicio a la zona metropolitana del EdoMex? La respuesta dependerá, no sorpresivamente, de tu grado de etnocentrismo.

Ser o no ser Chilango

En mi experiencia personal, todas las personas que no son de la Ciudad de México llaman “chilangos” a quienes son de ahí. Sin embargo, ni modo que los “otros” etiqueten a los metropolitanos; quiénes se creen los de “provincia” para estar nombrando a quienes normalmente tienen el trabajo de señalar, los amos de la cultura nacional.

Así que los mexiqueños, ciudademexiquenses o como sea que se les prefiera llamar arman defensas argumentales para no ser los otros; para llamar “chilangos” a quienes van a manchar la perfecta anarquía de su ciudad, aumentando el desempleo y subiendo las rentas de la Condesa.

La identidad chilanga es, esencialmente, racista y clasista

Pero dejando de lado los gentilicios y su uso correcto, lo cierto es que la identidad chilanga (así les digo a los de la CDMX nada más para aclarar) se ha construido históricamente sobre la diferenciación de todoloquenoeseldf: los “estados” (y no los OTROS estados), la “provincia” (un nombramiento genérico pero diferenciador de lo que no tenga tráfico culero y asaltos al 2×1) etc.

Tampoco es sorpresa que en otros estados del país se tenga una percepción del chilango como alguien despreciable, ruin, “maleado” y en quien no se debe confiar. Más estereotipos que dan muestra de un sistema cultural jerárquico que está íntimamente ligado a la forma en que se distribuye el poder en México. La capital domina: sede del poder político y económico, mientras que el resto es sólo centro de escenarios naturales y folclóricos de anuncios del Cinemex.

Y aunque las estadísticas nos digan que gran parte de los y las hablantes de náhuatl están en la zona sur de la Ciudad de México, los “provincianos” hemos aceptado nuestro lugar en la pirámide social: la cultura urbana será siempre superior, especialmente si tiene catálogos de cientos de restaurantes que nadie puede pagar con un salario mínimo.

La revista Chilango: promotora del etnocentrismo

Una búsqueda simple en Google nos arroja 380 contenidos en la versión digital de Chilango con la palabra “provincia” utilizada en diversos contextos: siempre diferenciadores, siempre excluyentes sino que de mofa. ¿Qué tiene que ver esto con el racismo? Pues bastante: el clasismo normalmente se establece en términos de etnia, quienes tienen un color de piel o rasgos fisionómicos menos “indios” estarán más arriba en la escala cultural.

Porque en un país de contradicciones ¿Por qué no tener un artículo sobre el racismo junto a los mejores restaurantes de la ciudad?

Nada más chequen los datos del INEGI, según los cuales mientras más blanco eres más varo tienes; o los miles de casos de discriminación racial que existen en nuestro país, siempre ejercidos por personas de la “alta sociedad” en contra de personas de la baja.

Porque el racismo es sólo corolario del clasismo, o busquemos otros ejemplos donde la exclusión económica y política no esté ligada a un tema racial. Así que dime ¿Qué tan chilango eres?

Star Wars los últimos Jedi: contando la misma historia de maneras diferentes

Star Wars los últimos Jedi se estrenó hoy en medio de mucha expectativa: teasers, tráilers, rumores y teorías youtuberas llenaron el aire de ansias por ver el estreno de la nueva película de la franquicia. ¿Decepcionó? Yo diría que sí y que no, porquetibio.

Las “rimas”

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Es bien conocido el hecho de que George Lucas decía que sus películas “rimaban” en el sentido de que buscaba narrativas que se correspondieran en diversos aspectos. Por ejemplo: la historia de Luke rima con la historia de Anakin, pues ambos son de un plantea desértico y alejado de todo; deberán emprender una aventura de la mano de un Jedi experto para restaurar el balance en la fuerza (ambos fallan).

Los paralelismos son muchos pero en el caso de Star Wars los últimos Jedi es claro que tiene muchas referencias a El imperio contrataca y El regreso del Jei. Concedamos entonces que hay “paralelismos” y no algo tan poético como “rimas” en las películas de Star Wars: una batalla en el hielo con speeders contra caminantes; un aprendiz impaciente de la mano de su maestro Jedi viejo ruco etc.

¿Esto es bueno o malo? Mi respuesta se divide en dos partes:

Parte primera: de los pecados no perdonados

Lo primero que salta al ver la película es la cantidad de minutos que sobran (como 20). Hay muchos momentos innecesarios (animalitos pájaro-mamíferos para merchandising por ejemplo) e incluso la secuencia de Finn y Rose buscando al descifrador parece sacada directamente de las películas de los 2000, o sea, es mala como solo ella.

El diálogo de Rey es plano, casi acartonado y la trama se mueve de una manera que te hace preguntarte ¿a qué hora va a pasar algo interesante? En fin que la película se preocupa más por establecer momentos (muchos muy buenos) que por una narrativa completa y coherente.

Parte segunda: cambiando para dejar todo igual

Muchos detalles son realmente transgresores (en un sentido ligero) de lo que Star Wars suele ofrecer en sus películas: los protagonistas siguen sin tener tensión sexual; los héroes no tienen grandes actos de valentía, sólo cumplen su deber; Luke no se comporta como un salvador (incluso tiene atisbos de maldad) y Kylo Ren no es un clásico villano imparable, ni Rey una heroína todopoderosa.

Sin embargo, Star Wars los últimos Jedi tiene todo lo que podrías esperar de una película de Star Wars: peleas con espada láser, una batalla con naves, personajes en cuyo entorno parece girar todo el universo como si toda la política galáctica dependiera de sus acciones personales.

Personajes en situaciones familiares, situaciones familiares que parecen repetidas y uno que otro detalle donde se cuenta la misa historia del bien contra el mal, pero de manera un tanto diferente.

El Chapo en Netflix: la ficción que quisiéramos que fuera

El PRI dirigiendo el narco del país, la DEA haciéndose de la vista gorda, el Chapo escapando a billetazos de cualquier peligro. La historia de Netflix es todo lo que ya sabíamos pero con drama, sexo y una excelente narrativa audiovisual.

Basado en hechos reales (o casi)

Vía Los Ángeles Press

Como su propia introducción sostiene, la serie está basada en la “versiones periodísticas” de ascenso del crimen organizado en México durante los años 90. “Hechos reales” es una categoría medio inalcanzable: no por falta de información sino por falta de aceptación oficial. Para los que hemos seguido de cerca el tratamiento mediático del narco mexicano muchos personajes serán familiares: los Arellano Félix (que por alguna razón no dieron permiso para usar su apellido así que aparecen como los “Avendaño”), Carlos Salinas de Gortari, el Señor de los Cielos, el güero Palma y muchos más.

Cualquier historia necesita personajes, y que mejor que un puñado de jefes de la droga.

¿Exaltación de la narcocultura?

Una de las reacciones que este tipo de productos culturales siempre despierta es su supuesta exaltación de la narco-cultura. Sin embargo ¿Qué fue primero? ¿La crisis humana-política-económica responsable de la aparición del negocio de la droga o los sombreros y narco corridos? La serie de Netflix no muestra a un lord-Chapo todo poderoso, sino a un personaje siempre el filo de la navaja, con complejo de inferioridad y delirios de grandeza.

Ambientación: más 90

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Hemos escrito bastante de la nostalgia por los no 90 que está invadiendo al cine, las series y otras expresiones artísticas. El Chapo de Netflix no podía ser la excepción: Grand Marquis, peinados cagados, chamarras que nos recuerdan una época (parece hace siglos) donde todavía hacía frío; un largo etcétera de referencias a los años 90, punto de expansión del narco. Además, no sólo es eso: es una época que trae recuerdos a toda una generación que creció con las promesas de la abundancia y, como el mismo Chapo, tuvo que enfrentarse a otra realidad luego de las constantes crisis.

Música, música

No, no hay nada de banda. La musicalización es más bien propia de un thriller policiaco de los 90 que de un Kommander. Eso sí, extrañamos a los Tucanes de Tijuana y a los Tigres del Norte pero, ni pedo, Netflix no quería verse tan folclórico.

No es ficción, ¿O sí?

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Quisiéramos que todo fuera una ficción bien hecha. Pero en un país donde el gobierno está acostumbrado a ser criminal y nosotros a ser engañados, ya era hora de que una serie basada en hechos reales (no oficiales), saliera a la luz.

Los spoilers no son necesarios: quien no sepa en que termina la historia de El Chapo Guzmán ha vivido en una cueva por muchos años.

La Mujer Maravilla: crónica de una buena salvaje

En una nueva edición de “vamos a ser transgresores pero nada más tantito” la película de la Mujer Maravilla comete viejos errores y enmienda otros.

El imaginario de los “primitivos”

Diana Prince es una “buena salvaje” en los términos clásicos: ingenua, bondadosa, pura, no tocada por las maldades de la vida moderna. Aun así, oscila de maneras extrañas: conoce (teóricamente) sobre los placeres sexuales y las atrocidades de la guerra pero se comporta como una Tarzan al llegar a la “gran ciudad”.

Su “ilustrador”, Steve Trevor, intenta educarla en las buenas maneras de la civilización occidental, incluso ubicarla en su papel de mujer sumisa. Sin embargo, la amazona se niega a obedecer y esto le llevará a una jornada de lucha contra los alemanes (¡Vaya al menos no son nazis!) que en realidad es una lucha contra la lucha misma…o algo así.

Al menos la “salvaje” es blanca si no, ufff, la que se arma

Mujeres al poder, más o menos

Interesante lo del damiselo en apuros

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Así que la Mujer Maravilla resulta tener un origen mítico, algo así como una semidiosa, que baja al mundo de los mortales para luchar por ellos en nombre de su sacrosanto honor. Pero no sólo es eso: es una mujer, una mujer poderosa literal y metafóricamente. Lo mismo levanta tanques que acaba con divisiones enteras de alemanes sin despeinarse ni arruinar su maquillaje. Además, al no ser “civilizada” pone en duda el status quo de sometimiento de las mujeres que parece tan natural a otros personajes de la serie.

Simples comentarios como “no estoy contigo” dan cuenta de un intento de transgresión conceptual: al colocar a la Mujer Maravilla como un ser simbólica y físicamente poderosa se intenta hacer una reivindicación de las mujeres que tanto está de moda en Hollywood. Peeeeero, por la misma razón de que se trata de Hollywood algunas cosas quedan intocadas:

  • La mujer maravilla es blanca
  • Es delgada
  • Tiene rasgos europeos
  • Se depila las axilas
  • No tiene imperfecciones visibles

Vamos, la única imperfección que presenta es su ingenuidad respecto a la naturaleza humana que, como ya mencioné, puede ser explicada en términos de una “educación no adquirida”; una especie de pecado original que no es tan original sino que es adquirido.

Mejor no hablar de la sexualización via GIPHY

Los excesos de DC

La Mujer Maravilla cae en los mismos excesos que, a mi parecer, son lastres de la franquicia DC desde sus comienzos.

  • Excesivas tomas en cámara lenta para explotar el 3D
  • Conflictos finales alargadísimos
  • Jefes finales animados tipo Transformers

Por supuesto, creo que tiene virtudes: el guion es mucho más fluido que sus antecesoras, la musicalización (aunque casi idéntica a la de Batman vs Superman) es aceptable, las secuencias de pelea son dinámicas, la fotografía está chida.

En fin que para no hacerla más larga simplemente diré que  desde mi punto de vista es la mejor película de DC hasta el momento.

Chécate este artículo sobre el concepto de “El buen salvaje”

¿Por qué nos burlamos de las “luchonas”?

Como todo prejuicio y estereotipo, el de la mamá “luchona” se ha ido formando sin mucha claridad. ¿A qué nos referimos exactamente?

Luchona 1: versión clasista

Una forma que toma esta concepción, desde mi punto de vista, tiene que ver con una crítica clasista. Se concibe a la “mamá luchona” como una mujer joven, parrandera, incluso libertina. El conflicto reside en las obligaciones morales que supuestamente debe cumplir la madre. Algunas de éstas son:

  • Estar en su casa
  • Ser fiel a su marido (o tenerlo)
  • Ser sumisa, obediente y “un buen ejemplo” para sus chamacos

¿Cuál es el problema? Que normalmente la burla va dirigida a madres jóvenes que, por una razón u otra, no siguieron el camino casto y sacrosanto de la madre ejemplar mexicana. Por hacer lo que quieren son juzgadas. Sin embargo, en esta concepción reside un dejo de rebeldía. Una mujer que se niega a cumplir con las expectativas tradicionales que la sociedad espera de ella: escucha banda, bebe, reniega de los hombres.

Además, siempre se les asocia con condiciones “jodidas”, como si esto fuera un defecto o una contradicción.

Luchona 2: la banalización de la esclavitud femenina

Un trabajo no remunerado es cierta forma de esclavitud. El trabajo doméstico, que ejercen muchas mujeres (cada vez menos afortunadamente), es concebido como una obligación.

Pero hay una contradicción: si una mujer se jacta de ello (de ser mamá, trabajadora, enfermera y Iron Man a la vez) es señalada. ¿Quién chingados los entiende entonces? Parece que a muchas personas no les gusta ni una cosa ni la otra. Pónganse de acuerdo, ¿Una madre tiene que ser rebelde o no? ¿Tiene que cumplir sus obligaciones morales sin hacer gala de ello? ¿Tiene que ser sumisa hasta discursivamente?

Vivan las mujeres luchonas

Por todo lo anterior, festejemos a las madres luchonas: que no dependen ni necesitan de un hombre; que lo mismo se emborrachan que sacan a sus chavos adelante; que procuran por todas las personas de su entorno. Festejemos a nuestras jefas, sin importar las etiquetas.

Además: ¿Qué tiene de malo Jenni Rivera? ¿Qué tiene de malo Amanda Miguel? Puede que refuercen estereotipos pero muchas otros artistas y géneros musicales hacen lo mismo y nadie dice nada sólo porque se presentan en palenques y no en el Plaza Condesa.

POR FAVOR: PAREN DE MAMAR

Orange is the new black temporada 5: mujeres al poder (literal)

La temporada 5 de OTNB se filtró en internet y la vimos (porque nos vale el copyright). Aún no sabemos cómo va a manejar Netflix esta filtración. No importa, mientras los ejecutivos se jalan los pelos de la cabeza y la serie llega a nuestra plataforma favorita de 99 varos, nosotros ya disfrutamos de las aventuras de Chapman y compañía.

No hay metáforas

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Las chicas de Litchfield simplemente toman el poder: literalmente. La última temporada nos dejó con varios conflictos sin responder: si Dayanara le disparará al guardia o no, si Caputo podría ascender en la compañía que administra la prisión o seguiría siendo el mismo papanatas de siempre etc.

Para no aguarles demasiado la trama, diremos simplemente que las presas arman un motín y, toman el control de la prisión, siguen teniendo problemas entre ellas y con el exterior. Nuevamente, la trama se descentra de Chapman y Alex Vause para seguir otras historias igualmente interesantes.

Masculinidades cuestionadas

Existen diversas discusiones acerca del abordaje de temas como la raza, el género y la identidad social en la serie (ver links al final). En esta nueva temporada se aborda algo que se había dejado entrever: la forma en que la masculinidad es entendida. Por ejemplo:

Desi Piscatella (Brad Henke): el nuevo jefe de guardias de seguridad es homosexual. Sin embargo, ejerce muchos comportamientos “típicos” (o estereotípicos) del macho dominante. Es grosero, grande, fuerte, barbón e inflexible.

Nicky (Natasha Lyonne): es una chica lesbiana que actúa como una auténtica depredadora sexual, manipulando a las mujeres que le gustan para tener sexo con ellas. A pesar de eso, no tiene rasgos de “hombre” (género), no se comporta como tal ni aspira a eso.

SPOILER La humillación de los guardias

Los ejemplos antes mencionados son una muestra de los diversos temas de género que aborda la serie. También se cuestiona el amor romántico (el propio romance entre Chapman y Vause, Poussey y Soso etc.), así como la idealización y el deseo erótico (Caputo y sus múltiples frustraciones).

Por otro lado, el episodio 2 de la temporada 5 propone un cuestionamiento nada metafórico. Una vez que las internas tienen el control de la prisión y de los guardias comienzan a ejercer la misma dominación sobre sus cuerpos que éstos ejercieron contra ellas. Los desnuda, se burlan de sus penes, les introducen cosas en el ano; una auténtica violación simbólica y directa.

Papeles invertidos

Así que las mujeres se vuelven violadoras, acosadoras y dueñas de la situación. Sin embargo, la metáfora encierra algo más: el hecho de que sólo en una situación extrema la dominación femenina sea posible dice mucho sobre las condiciones actuales de opresión hacia ellas. Pero bueno, ese es otro tema.

Sobre los temas de OTNB analizados ver aquí

Mírala aquí antes de que la bajen (o de que salga en Netflix)

5 cosas que podemos aprender viendo South Park

Por supuesto, también hay que leer un poquito (no mamen). South Park es un show controversial que no ha dejado de generar polémica desde su creación en 1997. Sin embargo, también tiene una serie de comentarios sobre problemas políticos, sociales, culturales e incluso ondas metafísicas. Chécate:

1. Crítica del pensamiento crítico

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En términos generales, puede definirse al pensamiento crítico como una serie de actitudes y disposiciones para entender las causas de los fenómenos de manera amplia, no dogmática. En ese sentido, South Park no sólo ridiculiza a las religiones o a líderes políticos, también a movimientos sociales o personajes que se presentan a sí mismos o tienen un aura de ser “críticos”. El ejemplo más claro es el director PC que aparece en las últimas temporadas como reemplazo de la directora Victoria. PC es por “políticamente correcto”, se muestra la actitud progresista del director como una simple moda discursiva que en realidad no cambia nada y es promovida por los grupos dominantes (los blancos).

2. Desacralizar la religión para darle un nuevo sentido

El tema de la religión es uno de los más controversiales en South Park. Jesucristo lucha con el Diablo (quien es homosexual y tiene una relación con Sadam Hussein) y tiene un programa de tele local que nadie ve. Además, también hay diversas burlas a la cienciología, los escándalos de pederastia etc. Sin embargo, Trey Parker y Matt Stone también han criticado al movimiento ateísta por considerarlos intolerantes. En especial, han fustigado a Richard Dawkins. En diversos pasajes de la serie, es posible concluir que la serie no busca negar por completo a la religión, sino únicamente a sus expresiones extremas. “Si te hace buena persona, está bien”.

3. Teoría del carnaval o teoría carnavalesca

La teoría del carnaval se refiere a los análisis que Mihail Bajtin a través de textos como los diálogos de Platón, la literatura de Dostoievski y ciertas fiestas como el Carnaval cristiano. Básicamente, es un modo literario que subvierte los cánones dominantes a través de una atmósfera de humor y caos. El elemento más notorio en este respecto es la inversión de los roles: los niños actúan como seres racionales (en la mayoría de los casos) porque los adultos reaccionan a todo de manera estúpida. Más info aquí

4. Falacias por todos lados


Como un programa carnavalesco, South Park utiliza el absurdo como uno de sus mayores recursos narrativos. Por mencionar un ejemplo la “Defensa Chewbacca” ya es un término utilizado como ejemplo de una falacia (en la cual se dan argumentos lógicos que no tienen nada que ver con lo que se está discutiendo, únicamente para confundir a la audiencia). En el episodio de la segunda temporada “Chef Aid”, se parodia al abogado Johnnie Cochran, quien trabajó en la defensa de O.J. Simpson por el asesinato de su esposa y otra persona. La parodia de Cochran argumenta que “Chewbacca viviendo en Endor no tiene ningún sentido”, como resultado el Chef es multado con 2 millones de dólares por una disputa sobre la autoría de una canción de Alanis Morissette. Ver página 40 de esto.

5. La democracia no funciona

Con el ascenso de la campaña de Donald Trump para la presidencia de EU, los creadores decidieron no retratarlo. Por el contrario, su papel lo tomó el profesor Garrison: haciendo gala de ignorancia, racismo, xenofobia y, sin sorpresa para muchos, ganando. Diversos personajes aseguran que realmente no importa por quién votes, todo seguirá igual. En Estados Unidos se creó el término “Republicano South Park”, que se utiliza para describir a persona con ideas de centro-derecha similares a los ridiculizados en la serie. Un último apunte es que esto se da en el contexto de la post-ideología y las ideas de “el fin de la historia”; básicamente, al vivir en un mundo donde no hay alternativas de organización política y social fuera del capitalismo (o así se presenta al menos), se da un “cierre ideológico” donde lo que conocemos (la democracia liberal) se da como natural y necesario.

 

Ghost in the Shell: Transhumanismo, computacionalismo y más 90s

La nueva película de Ghost in the Shell 2017 trae de vuelta muchos temas que, aunque no han sido olvidados por la ciencia ficción, sí han sido reinventados. Y no, no podemos ignorar el hecho de que esta película fue lanzada en medio de una especie de fascinación por los 90 (los nuevos 60, 70, 80 dependiendo de quién lo diga ¿Acaso somos nostálgicos por naturaleza?)

Transhumanismo, posthumanismo, existencialismo

Neuromancer de Alan Gibson (1984) fue uno de los primeros trabajos de Ciberpunk. Vía F1X2

Aquí hay una diferencia que es fácil pasar por alto. El posthumanismo puede referirse a una preocupación fundamentalmente filosófica sobre el surgimiento de nuevos problemas (éticos, políticos etc.) en los que intervienen agentes no-humanos (Pickering p. 173). Por otro lado, el transhumanismo se refiere a la superación de la condición humana mediante la integración de tecnología en nuestros cuerpos, una especie de movimiento impulsado por FM2030 (Fereidoun M. Esfandiary) en los años 60.

Ghost in the Shell tiene ambas preocupaciones. La mayor Motoko Kusanagi (Sacarlett Johansson) es un cyborg, es decir, un trans-humano (virtualmente inmortal y con capacidades aumentadas) al tiempo que tiene dilemas post-humanos (una profunda crisis de identidad). Además, todo está envuelto en el aura existencial: ¿Qué nos hace ser humanos, por qué y para qué existimos?

El cerebro como máquina

Experimento de Turing

Por otro lado, también se presenta el problema del computacionalismo. La idea de que la mente humana es un subproducto de la actividad simbólica de las neuronas puede rastrearse hasta Alan Turing; tuvo un auge en los 60 gracias a filósofos como Putnam. La idea fue criticada por otros filósofos e incluso el mismo Hilary Putnam (sí, es hombre) se desdijo de muchas de sus tesis originales.

Sin embargo, la idea persistió e incluso hoy en día es común escuchar metáforas y analogías entre el cerebro humano  y la computadora. Esta es una de las novedades introducidas en la película que no están en el anime original de 1995: vemos publicidad en las calles de Hong Kong ofreciendo aprender idiomas y otras habilidades cognitivas de manera rápida.

Por supuesto que eso fue ampliamente explotado en Matrix, pues Neo aprende desde box de borracho hasta cómo manejar un helicóptero con un simple click. Ghost in the Shell 2017 hace referencia a sí misma y toda la ola ciberpunk de la que abreva.

La película novedosa que no lo es

Hay muchas quejas por ahí circulando. El lloriqueo más constante es que: “la película no aporta nada”. Vamos, esta “crítica” es una frase hecha de muchos opinadores que parecen más cineastas frustrados que analistas de cine. Mi respuesta es simple y en forma de pregunta:

¿Pero quién les dijo que los productos culturales tenían, forzosamente, que “proponer” algo?

Que los efectos no son nada nuevo, que el guion es predecible, que aburre, que es muy “hollywoodense”…una serie de calificativos que realmente no dicen nada más que la escasa habilidad descriptiva de quien lo dice. Todos, absolutamente todos los productos culturales tienen referencias, influencias y temáticas que pueden rastrearse casi infinitamente hacia el pasado. ¿Eso les quita valor? Por supuesto que no.

Ghost in the Shell es un tributo visual y conceptual a todo el ciberpunk de los 90, no sólo al anime. Vierte temáticas viejas en nuevos contextos y sí, le pone un toque dramático (gran pecado). Para mí, eso no tiene nada de malo.

En todo caso, el problema es nuestra necedad de mirar hacia el pasado.

BONUS: esta sinfonía del sountrack original jodidamente buena 

Impresiones del primer episodio de Rick y Morty temporada 3

La temporada 3 de Rick y Morty hizo su debut este abril de 2017. Aunque el resto de los capítulos no estarán disponibles hasta el verano, la serie animada de Cartoon Network ya nos dio una probada de lo que serán las nuevas aventuras de Rick Sanchez y su nieto.

Continue reading “Impresiones del primer episodio de Rick y Morty temporada 3”

Power Rangers: de bullying, sexting y otros problemas de “chavos”

La adaptación de 2017 de los Power Rangers llegó a México y no estuvo mal. Abarca mucho en términos de público: dirigida a los “chavos” de “hoy” al tiempo que lidia con los recuerdos de (quién sabe cuántas) generaciones que vieron la serie original y sus derivados.

Los temas “tabú” deslizados

Debo decir que lo más interesante de esta película son las problemáticas que plantea sin siquiera abordarlas directamente. Consiguió burlar a la censura, tan mocha en este y otros países. En resumen son:

  • La yellow ranger (Becky G) es abiertamente lesbiana
  • La pink ranger (Naomi Scott) se ve envuelta en un problema de sexting
  • El líder, red ranger (Dacre Montgomery) es un blanco NO privilegiado a pesar de ser el QB del equipo de la prepa
  • Blue Ranger (RJ Cyler) sufre bullying por ser un “nerd”

Además, hace comentarios sobre la inmigración, la brutalidad policiaca y, aunque termina reforzando el arco de “los buenos siempre ganan”, no se las pone tan fácil.

Nada es casualidad en estas producciones de millones de dólares. Los Power Rangers son personajes variopintos (en términos de etnia y orígenes sociales); tampoco se la mama, pues juega con los estereotipos de las películas rosas de los 90 ubicadas en las prepas gringas.

No, para mi sorpresa no fue Michael Baylesca

via GIPHY (por favor no más Michael Bay)

A pesar de tener escenas de peleas animadas al puro estilo Transformer, no se centra en ellas. Es más bien una historia de 5 morros anti-héroes que tienen que reforzar sus lazos personales para derrotar a un enemigo ancestral. Dicho sea de paso, la mitificación del origen de la cabezota de Zordon y todo el desmadre de la guerra por la preservación de la vida es bastante interesante.

Le sobran algunos minutos

Concuerdo con otras críticas en que es excesivamente larga. La secuencia del clímax (los madrazos) es casi decorativa, casi obligatoria.

Por otro lado, el arco del entrenamiento es muy largo: hay muchas escenas sin justificación (cómo carajo tenían linternas al entrar a la nave de Zordon) y otras simplemente confusas.

Go go Power Rangers: la nostalgia que no termina de aparecer

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Al final, la película no explota ni la parte nostálgica (excepto por la aparición de dos actores del reparto original) ni termina de ser una reinvención de la franquicia. Pero ¿Qué obligación tenía de cumplir dichos objetivos?